El gran “Caralibrohermano”

Porque Facebook es un Gran Hermano global, con dos casas. Una con no menos de dos ni más de tres y la otra plagada de cámaras. La elección es libre. Desde luego qué se puede esperar de un país en el que el citado y célebre reality va ya por su 92369123619246 edición y la basura televisiva indómita prospera… Incultura, desprotección, desinformación y por tanto mal uso. La privacidad y Facebook, dos conceptos, a veces, insolubles.

En mi caso, no soy muy dado a compartir vía Facebook ciertos aspectos de mi vida que considero personales, así como opiniones respecto a diversos temas. Pienso que la privacidad de una persona hoy día es un concepto vulnerable, tan vulnerable como ella misma quiera que sea, que (aun con esto) lejos queda de ser un derecho natural propio y racional de cada individuo en sí, pues cada vez tenemos más medios y menos conciencia a nuestra disposición (y esta es la mezcla cuya reacción inhibe dicho derecho natural y nuestro poder sobre él, haciendo así de la privacidad algo frágil dentro de cada usuario, y esto se multiplica por diez en el caso de los adolescentes). Y el efecto anulador del derecho natural se manifiesta en muchos porque son muchos los que hacen un uso inadecuado (en la mayoría de los casos inconscientemente como ya dije, pero en otros no tanto) de esta gran mega urbe fantasma, en la que no se precisa identidad y por ende cualquiera puede ser cualquiera.

El término red social, para mí, debe oscilar entre, dentro y nunca fuera de dos puntos limítrofes, que son: uno el compartir vivencias con tus amigos a modo de fotos y/o estados, comentarios…; y dos expresar libremente tu opinión acerca de, por ejemplo, temas sociales candentes (libertad de expresión ante todo y sobre todas las cosas libertad de expresión). Ahora bien, el quid de la cuestión, a mi ver, está en saber dónde poner el tope, dónde cortar y dónde diferenciar el buen uso del malo.

Y es que dedicando tan solo veinte minutos al día a ojear Facebook (aquí radica el problema), un simple y cualquier don nadie puede saber de una persona en concreto: a quién votó en las últimas elecciones, de qué color es por tanto ideológicamente hablando, donde vive, cuántos tatuajes tiene, cuándo es el cumpleaños de su madre, etc. Y a un don nadie todo esto qué más le da, cierto. Pero, ¿y a un don nadie sin el nadie al final? ¿Qué pasa con las fotos de tus hijos menores? ¿Y las de tu casa? ¿Dónde empieza tu inconsciencia y acaba tu intimidad? ¿Acaso no tienes derecho a que ese al que le debes dinero no sepa dónde vives?

En un mundo tan masivamente informatizado cualquier persona tiene a su alcance información de otra (así se lo ponemos más fácil aún si cabe a los americanos). No incluir entre los contactos a cualquiera, mirar lo que se publica y ajustar las opciones de privacidad de la cuenta pueden ser buenas medidas a tomar, pues la gente publica cosas a lo loco sin ni si quiera pararse a pensar. Una foto mía puede llegar a manos de un/una… en cualquier parte del mundo, pero una de mi hija de 7 años (el día que la tenga) no. Recuerdo que las fotos de perfil y portada son públicas, a ojos de más de medio mundo (y del resto cuando Google termine de implantar Internet en África y en la parte que queda de Asia). No somos del todo consecuentes. Y del caso antes citado de los adolescentes mejor ni hablamos…

La privacidad es uno de los únicos derechos que íntegro nos queda, no nos lo carguemos, pues. Por muchas elecciones que haya, por muy encendido que esté un debate… prefiero mirar fríamente hacia otro lado y reservar mi postura (salvo casos puntuales, claro, como pueden ser injusticias o violencia a condenar). Casi todo demás, puede que en un futuro se vuelva en mi contra (seguro que más de uno, sin saberlo tenéis un jefe del PP, picha).

Pues eso, que la privacidad es un derecho innato, uno de los más bonitos y, dicho sea de paso, de los únicos que jamás nos podrán arrebatar. En nuestras manos está. Así pues, mi consejo es que compartas con tus amigos cosas interesantes, AGRADABLES e irrelevantes (que nunca te comprometan), o, en su defecto, que al menos cuides lo que publicas, pues a largo plazo será mejón pa ti. Pero bueno, que cada cual siga usando Facebook para lo que le venga en gana, que yo haré lo mismo y seguiré con mis locuras:

A mi voz, incluso a algún que otro futuro golpe de pecho, también les sumo el derecho de callarme lo que en gana me venga. Pues hay cosas, ciertas cosas, que voluntariamente esquivan hoy al sol. Mas quién sabe si mañana brillarán, a la luz de otro astro cualquiera.


Deja un comentario