Como la canción. Y es que no paro de darle vueltas al tarro y al fina me se va rompé. Puede que se trate de una pataleta, de otra de tus elaboradas (aunque lícitas) estratagemas para rascar algo de auto propaganda y que así everybody hable de ti, o, por el contrario, puede que nos encontremos ante una demanda real de sustento, un grito a la desesperada en aras de reencontrar esa bocanada de inspiración que, de allá donde quiera que siga brotando, cual bofetón de aire fresco recoja tus cenizas y las envuelva para regalo. No sé si ahora más que nunca me (nos) necesitas a tu lado. Desconozco, pues, si se trata de un llamamiento sincero a los tuyos (los de verdad) o, simplemente, que de tanto sacártela en el Falla frente a carteles de bancos te has levantado con la estrella del Cajasol en la punta del nabo y vienes ahora en plan banquero a cobrar una antigua deuda de amor, al 3% TAE. O puede que, simple y llanamente, te hayas desinflado.
La fama termina aburriendo (esto mejón que yo naide lo sabe). La palabra en exceso oída engorda hasta que el médico te prohíbe la entrada al Romerpijo y te cambia El Faro por El Aro (de cebolla cruda). El halago debilita hasta al más guapo de cuantos narcisistas habitan este país cuyos ilustres se ilustran con Tele5. La crítica pone más, aunque a veces desborda, pues el crítico echa su jornada pero el criticado se levanta, desayuna y folla con la crítica. Ahora que, 25 años exprimiéndote el disco duro… Y no siempre para ti mismo, supongo, sino que a veces por y para los demás (inclúyase aquí a un poderoso caballero). Y aquí radica el problema. Cuando se hace lo que se ama por más que el amor mismo y con menos que ese amor que uno le tiene a lo que ama, se hace desde la ternura y con los sentidos orientados al gusto, a la belleza. Se cuida la estética, pero siempre desde la nitidez mental, pues sale solo, sin forzar y sin apenas filtros. A veces, ya sea por “costumbre” u otro motivo, solemos forzar y luego leemos demasiado. El poeta debe saber estar, mas, sobre todo, debe saber no estar. Leer implica existir cuando no se sobrepasa el peso específico de la contaminación. Cuando se hace, leer implica desistir. Cuan necesario es salir huyendo de vez en cuando. Hacia la nada, sin mirar atrás. Para volver luego. Para volver nunca.
Dicho esto, como aficionado, me siento inevitablemente en deuda perpetua contigo. Y es que me estremece solo el hecho de imaginar un año sin tus imprescindibles letras. Me has acompañado durante muchísimo tiempo. A mí y a cientos, miles, de personas más (ya sean carnavaleros o simples amantes de la literatura en general). De ahí se nutre la grandeza del alma inventada, su riqueza. Para eso se creó. No eres rico solo en tiempo. Tampoco en fondo de armario ni en incontables versos hoy hechos música. Tienes un tesoro bastante más universal. ¿Cuándo lo apartaste de tu horizonte hoy nublado? ¿Cómo no te hace alzar ante cada claridad para seguir cantando? ¿En qué punto exacto del camino vaciaste tus bolsillos tras secarse tu pluma? ¿Qué otra inspiración, que el grito de mil almas clamando tu voz por febrero? Qué otra carretera de vuelta, que la risa que aquí nadie te esconde.
Si me necesitas, llama (y va con segundas, unas cuantas). Pd: mucho ánimo. Hazlo como tú solo sabes y, sobre todo, ¡que suene divino!

Deja un comentario