… tal que reza la célebre canción de Coldplay. Y es que nadie es único en el mundo. La exclusividad no conoce valor unipersonal ni propiedades privadas la contemplan. Tampoco limitadas sociedades la habitan pues exclusividades el hombre las comparte. La belleza no se puede poseer ni tampoco patentar. Un clavo saca a otro clavo. Un clavo entra sin que salga el otro, a veces. Un clavo convive con otros clavos. Un clavo clava donde clavos no habitan. Un clavo clava mientras otros clavos miran cómo clava, clavando luego todos ellos en una perfecta armonía de clavos clavando. Aquí cada cual con su rollo. Respect. A saber dónde los clavaría Pablito. La juventud es subjetiva. Es un invento pues amores no entienden de edades ni de tiempos absurdos. La juventud es un concepto que tu alma guarda. Sólo tú tienes la llave.
No te encierres. No te encadenes a nada ni a nadie. Por suerte somos varios, unos cuantos en esto que llaman zosiedá. Pasa página. Levántate, la vida es corta y amargo es el llanto. Aunque te caigas, aunque mires y no veas, aunque te pesen los pies casi tanto como tu propia existencia, aunque caminen y solo desde tu ventana veas a los pájaros volar, aunque la aurora no te venga a llamar. Deja a la Aurora que no te conviene y sal de fiesta. Baila como si fuese tu último día en la tierra. Baila para todos y para nadie. Baila para ti mismo y hasta que la luna se vuelva. Luego párate en la luna del cartel de algún desvío de carretera (sólo si existe voluntad propia, y si no la hay llama a los maderos). Cuidado con el negro de la puerta.
Ama la vida y su libertad cual si vivir fuese una canción de Dylan. Sin complicaciones, sin estridencias. Con ternura y con don (eso siempre). Con dulzura y con tiento. Alcanza la plenitud cual si de un Dios te vistieras. Rézale a tu cuerpo, ese único templo tuyo. Entrégalo a quien de amor te desvista y a quien de pasiones las costuras te rompa. Entrégate a quien de veras te ame y a quien con verdad te trate. Aunque sólo fuesen las horas de un día. Aunque sólo durase un ocaso y no sobreviva a un nuevo sol. Sea o no para toda la vida o te pegues la hostia padre, habrá merecido la pena y habrá valido un corazón. El corazón de quien se contiene y a plazos te lo entrega no es un corazón verdadero, es un corazón cobarde y sumiso. Un corazón, por naturaleza, sólo tiene dos posiciones biológicamente concebidas y bien definidas de manera humana. O se abre, o se cierra. Cuando ocurre lo último nos encerramos con él, mas cuando se abre lo hace desmedido cual torrente que sin freno vierte y libera todo lo que contiene.
No habrá un solo día en el que no te arrepientas de no haberlo arrojado cuando haberlo hecho pudiste. A los leones, al fuego. Cuando la senectud revuelva tu cama angosta y las golondrinas no te vengan a tu balcón a mirar, cuando la vejez no delire ni las esquinas de las sábanas retumben de amor en las paredes, tan solo los recuerdos, los buenos recuerdos y los palpables momentos de un alma caliente y joven elevarán tu ente moribundo. Hacia las estrellas. Hacia los anchos confines de un universo desconocido. Hacia un dulce vagar y una eternidad común.
Ojalá lo hubiese, el amor, para él y para ella. Sin intereses, sin efectos secundarios y sin censuras. El amor no se compra, mas el cariño sí se empresta. Se presta, pues los hay a quienes el amor les da la espalda.
Ama la vida, a quien traiga y a quien con ella te venga.

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