Tarde, Pedro, llegas tarde. Anacrónicas tus palabras tal que inútil tu discurso. Valentía rebosas hoy, mas coraje te faltó ayer. Coraje para decirlo en su momento, cuando los tenías enfrente, cara a cara. Cuando habitabas aquellos despachos de los putos amos de nuestra nación, de los que cortan el bacalao, los de verdad, los que se pasan la democracia por los huevos, los que a golpe de taco dirigen nuestra patria, una sola y desbocada. Aquellos que la moldean, hunden, suben, bajan, colocan y cambian de dueño en función de su extasiada necesidad. Aquellos que paren un emporio mediático a su maldita imagen y semejanza. Coraje para apuntarles a la sien, en su momento, con la bala de la justicia, de la ley y de la democracia real.
Cuando eras, cuando podías, cuando debías. Cuando la pelota estaba en tu tejado y el bastón en tu ancho de miras, allá por entonces cuando un posible pacto te asaltaba el sueño. Un pacto por la continuidad, por la justicia social, por la limpieza nacional y la decencia política. Un pacto para hacer (o al menos intentarlo) de España un país más justo. Un pacto por el amor a un pueblo agonizante que se desangra lentamente. Un pacto para salvarlo, para fumigar un estado que a gritos lo pide.
Hoy no vale que cojas tu coche, que te recorras cuantos rincones de la península encuentres, que escuches a tus militantes… Tuviste el dado en tu mano, era tu turno, tu oportunidad para sanear un partido que de obrero le queda lo mismo que de socialista. Hoy la rosa luce marchita, negra. Hoy el puño espinosos tallos agarra. Puertas que giran, despachos que se abren, políticos que reciben, se ofrecen y venden cual mercadillo en domingo. Omnipresente la vieja sombra de un tal Felipe. Uno del que dicen fue. Uno del que ya nada queda. Uno que de lejos mira su rostro fresco y no lo encuentra. Aquel que primero fuese, en hacer de la política profesión y de su profesión eternidad. Aquel que creó el concepto. Ese que aún manda, ese que te puso en la calle cuando alzaste la voz y el discurso fuiste a virar.
Claro que hay un movimiento detrás de Podemos, claro que hay personas detrás. La calle habló y entonó un clamor que tú en su día no quisiste oír. Allá donde se fraguó la democracia que hoy conocemos, la misma que hoy prostituyen, la misma que ayer se logró. Salió de la calle, de la gente, de sus gargantas, de la palabra, del verso. Salió del llanto, del sufrimiento, de las entrañas de un pueblo valiente. Tuviste en el pecho la rosa y en la mano el cincel, el de la clase obrera, el de cada familia que a día de hoy sigue sufriendo las residuales envestidas de una crisis que otros provocaron, hoy impunes. La sociedad les da la espalda y tú no quisiste tomarte la justicia por tu mano. Y es que los grandes hombres, esos a los que la historia recuerda, no hicieron otra cosa que desobedecer, revelarse ante un sistema injusto para construir un mundo mejor.
Coge tu coche, baja al fango, a la carretera. Trata a la gente y luego vuelve. Vuelve y reflexiona pues pudiste, lo tuviste en tus manos. Sinceras tus palabras, pero tarde. Deja la rosa al obrero, el puño a la calle y el socialismo a aquel que de veras lo practique.

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