Otoño en el punto de mira, otra vez otoño. Que llueva. Los pájaros cantan, a Rajoy no se le levanta. Las hojas se caen, la virgen para qué va a salir de la cueva, el sol cada vez nos aguanta menos y chaparrón el que nos está cayendo…
Adiós a una estación tan impróspera y seca como fresca y joven según el punto cardinal desde donde sentado la quieras mirar. Hola a otra que presumiblemente vendrá más seca aún. Seca en lo social y político, que no en lo que cada cual quiera. Seca ante unos ojos que no vislumbran más mar que aquel que ahoga la terca estupidez de quien ansía gobernarnos. Seca, mas no sobre un mantel de versos que se despliega y abre, bajo la atónita mirada de aquellos que abogamos por hacer caso omiso y pasar de puntillas ante los sonantes coletazos de un proyecto de nación que, de raíz, concepto y por definición histórica se presenta inverosímil e insostenible, en todas sus formas y vertientes posibles. Insostenible incluso antes de haber adoptado el engañoso término de intento (intento fallido de nación + nación impuesta “por cojones” = coño de la Bernarda). Y esto es así. Ni aquí se forma gobierno ni dimite naide. Vengan desfiles y medallas.
Virar. Doblar el horizonte cual papel mojado y tragar. Tragar saliva y tratar de poner tu propia maquinaria en marcha…
Amanecer sin mares. Torrente de lluvia que manantial hace y que postrado en la ventana no me deja ver más allá del valle, aunque sí más allá de las nubes. Llueve que llueve. Y si quiere llover que llueva. Aguacero que cura, lluvia que limpia y sana…
Aunque con esto del English me se está olvidando el Spanglish. Desde Winterton con amor (y una jartá de lluvia).

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