Eutan Asia

Que parece el nombre de algún producto o loción china contra culícidos (también llamados mosquitos), pero no lo es. Si unimos ambas palabras encontraremos el sustantivo que nos aplica en el presente artículo. Si “gugleamos” un poco podemos ver que la palabra eutanasia proviene del griego antiguo, cuyo significado engloba o incluye las palabras bien y muerte. En algo más allá del propio y simple acto de morir andarían pensando aquellos viejos griegos, listos y justos, sabios y filosóficos como se les conoce y reconoce.

Según la RAE, el significado de eutanasia es “muerte dulce” (o dulce muerte, según se mire). También la “intervención deliberada para poner fin a la vida de un paciente sin perspectiva de cura”. Sin perspectiva de cura (ojo con esto) puede significar muchas cosas o dar lugar a diversas interpretaciones. ¿Qué entendemos por cura? ¿Qué entendemos por enfermedad? ¿Tan solo la que a físicos términos y a vitales órganos obedece? ¿Dónde quedan las enfermedades psíquicas y mentales agudas, sin cura? A día de hoy en nuestra sociedad se reconoce a las enfermedades mentales precisamente como eso, enfermedades. ¿Y el dolor? ¿Existe sólo el dolor físico crónico? ¿No existe el dolor crónico del alma? ¿Dónde está? ¿Quién tiene la cura?

En el preciso momento en que la muerte deja de ser un derecho la vida pasa a convertirse en una obligación, y puesto que obligación y derecho no convergen ni en modo, ni en forma alguna posible, la vida como tal deja de ser un derecho regido. Negar el derecho a morir es por tanto lo mismo que negar el derecho a la vida. En caso de pensar de manera contraria estaríamos peligrosamente dando por hecho que la vida se trata necesariamente y siempre de algo bueno, positivo. Estaríamos vistiéndonos, con nuestras mejores galas, de dioses. Justicieros también. Estaríamos obviando que la vida a veces puede llegar a ser un infierno, una pesadilla, para determinadas personas según sus situaciones. Al igual que nadie nos pregunta al nacer, nadie ha de preguntarnos cuándo y cómo queremos morir. Si un individuo, individua o individue, de pleno derecho y en pleno uso de sus facultades y libertades más elementales decide morir o acabar con su vida, sin perjuicio a nada ni a nadie más que a su propio cuerpo, carne, ¿quién cojones es cualquier otra persona para decirle que tiene que seguir viviendo y así prolongar su sufrimiento más años?

En un ejercicio muy costoso (para algunas mentes) vamos a tratar de abandonar nuestra óptica más cercana, esa que portamos a diario, la que nos avisa y vislumbra, la que nos prevé. La que a modo de espejo reflectante nos hace a veces mirar demasiado o más de la cuenta dentro de nosotros mismos, obviando que hay y que existen otras ópticas, puntos de vista, no necesariamente iguales al nuestro. No se puede juzgar el andar si no se calza el mismo zapato. Tampoco se puede juzgar el tamaño del nabo por la talla del pie. Aunque te digan que sí, no se puede.

¿Por qué por norma general y por memoria histórica reciente los fachas y los puritanos de este país se creen y se ven con el derecho todopoderoso, con la razón única y totalizadora y con el poder globalizador de decidir cuándo una persona tiene que seguir viviendo? ¿Es su Dios quien les da esta fuerza sobrehumana, este poder redentor?

Arguméntenme con un solo motivo, coherente, justo, no para con ustedes mismos si no en beneficio de las personas en cuestión que deciden no prolongar su vida, por los motivos que sea (ojo, no estoy hablando de las razones subjetivas que cada cual pueda tener, esto ya para otro debate), por qué no deben o pueden hacerlo. Denme sólo una razón. Una de verdad.

Yo mientras voy al chino a comprar Autan. Por si los mosquitos, las moscas o los gusanos…


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