Un periodista sabe de periodismo. Un periodista habla de todo sin saber de nada. Como solemos citar por aquí, el afamado y célebre maestro liendre, que de todo habla y de nada entiende. Un puñado de periodistas hablando de electricidad y de energía. Un programa matutino (que no matutano) de televisión. Un documental digno de ver.
Ahora de repente nos preocupa la energía, el suministro, los virus y las pandemias, los volcanes y el planeta. Va a resultar que todo lo que tenemos no es un valor fijo, una propiedad privada ni un derecho nacional por haber nacido en una determinada región del mundo (concretamente, asquí). Ergo tampoco se trata de un hecho innato ni de segura pertenencia cual estatal bono. Va a resultar que dependemos de un azar, de una casuística y de unas condiciones cuyo paradigma habita fuera de nuestros cálidos y confortables ámbitos sociales, políticos y culturales. Va a resultar que existe una cosa que decían por ahí que se llama naturaleza, ya sea física, química o de cualquier otra índole. Va a resultar también que existe un mundo más allá del objetivo de las cámaras internas de nuestros dispositivos móviles, más allá de Instagram y de los medios, y con el permiso por supuesto de la Isla de las Extensiones (el célebre pograma de Tele5).
Resulta que existe un planeta y un universo, con una estrella que brilla para algo más que dorarnos la piel en verano, y que contiene tormentas y otras cosas tan complejas como poco interesantes, que pueden afectar a nuestros sistemas de producción, suministro y comunicaciones, esos que siempre han estado ahí, desde que el mundo es mundo, y que hasta hoy eran tan indestructibles, inamovibles e inquebrantables que nunca nos habíamos cerciorado de que estaban, ni nunca se hablaba de ellos. Y mucho menos nos preocupaban.
Resulta que la ciencia y sus científicos, los médicos y los sanitarios… están para algo. Resulta que no solo sirven la religión y la iglesia. Puede que haga falta alguien más que Dios… Eso sí, ahora que lo dicen en las noticias, hagamos acopio de víveres no perecederos y demás enseres. Si por el ferretero del barrio fuese, del carajo. Cuando dejen de salir todas estas cosas perturbadoras en la tele todo volverá a ser como era, y volveremos a la normalidad (pobre ferretero), a lo que realmente importa y nos ocupa, a todas y a todos: Instabraham, Cataluña y Messi.
Me hace gracia ver cómo un periodista experto en la materia trata los apagones y sus causas desde L.A (Los Ángeles), identificándose como un angelino más. Pero bueno, no deja de ser un hecho cómico y anecdótico. Para el resto de mortales, va a resultar ahora que unos cuantos que llevan bata blanca son algo más importantes y valiosos que otros muchos que portan corbata y traje. Unos nos estudian y crean soluciones para los problemas reales (nos salvan). Otros nos gestionan. Otros gestionan a los que nos salvan. Otros gestionan a los que gestionan a los que nos salvan. Otros asesoran a los que gestionan a quienes gestionan a los que nos salvan. Otro necesario grupo mira cómo asesoran a los que gestionan al resto de la cadena. Y otro grupo de privilegiados directamente se la toca con las dos manos, y porque no tienen más, y tan orgullosamente lo airea mientras lastra las arcas púbicas.
Esos últimos son los verdaderos salvadores de la patria, imprescindibles donde los haya. El instituto de español. ¿Cómo llevamos toda la vida sin él? ¿Cómo hemos podido pasar, sobrevivir? El que le dice lo que tiene que decir a una niña de 12 años que se hace llamar princesa, educándola así en el valor fundamental de la opinión libre y de la voz propia. Por supuesto ante la mirada y el consentimiento expreso de sus padres.
Esos son los buenos, los valiosos, a los que nos debemos como buenos patriotas. Viva España y viva el rey.
Pd: compra pilas para el mando. Por si las moscas, o los apagones…

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