La falsa educación me produce urticaria. ¿Qué es más importante la ley o la vida? ¿La vida o la propiedad privada? ¿Acaso nacer es un derecho o una decisión? ¿Nos consultan cuándo y dónde hacerlo? ¿Es la vida por tanto un bien propio? Imagina nacer en un país sin futuro, sin presente, sin trabajo y sin comida, sin haber elegido hacerlo. ¿Qué harías? ¿Mantendrías tus principios tan férreos? ¿Prevalecería tu moral y tu ética legal por encima de tu instinto de supervivencia? Resulta fácil hablar desde nuestra comodidad, desde nuestro confort, posición y seguridad, habiendo nacido en esta región del mundo.
Dice Joaquín Moeckel muy concienzudamente que sobre todo y antes que nada hay que proteger la propiedad privada, que en cualquier estado democrático y de derecho se protege, y que no se puede permitir ni tolerar la ocupación. Me gustaría verlo en la piel del indigente, del mendigo o del pobre que se ve obligado a emigrar. Me gustaría saber qué opina, y si sigue manteniendo sus ideales después de un solo día sin comer. ¿Dónde queda la ley exactamente tras una catástrofe? Qué rápido y fácil es hablar cuando la rueda de la sociedad gira, obviando cualquier conato de empatía posible.
Puesto que vivimos en un estado de derecho, propio y nuestro, no estamos obligados a mirar hacia otro lado, hacia quien no tiene. Según esa misma vara de medir, por consiguiente, si mañana hay un desastre medioambiental en nuestro país y lo perdemos todo, por supuesto nadie tiene por qué ayudarnos, ¿no? Lo correcto sería morir de hambre o de frío, puesto que bajo ningún concepto queda justificado invadir o tomar la propiedad privada de alguien, ya sea una persona, una entidad o un fondo.
El Canario por supuesto, por haber nacido aquí tiene derecho a reponer su vivienda. El marroquí de turno, no. Él debe soportar las penurias pues su piel y su forma de expresarse son distintas a las nuestras. Mientras, otro grupo de personas acumulan bienes y riquezas (innecesarios ambos), valores, patrimonios y cifras virtuales en bancos. ¿Por qué cuando se supera un umbral la riqueza no se redistribuye, para construir entre todos una verdadera economía circular y justa, forjando unos derechos humanos mínimos y verdaderos?
No estoy de acuerdo en asignar un sueldo a una persona por no hacer nada. Tampoco estoy a favor de la ocupación. Estoy a favor de la vida y del respeto hacia ella. Abogo por hacer las cosas de otra manera (o al menos intentarlo). Creo en la necesidad de ayudar a las personas a que remonten el vuelo mediante préstamos (aunque temporales) a fondo perdido, con seguimiento incluido (y que el extenso cuerpo de funcionarios de nuestro Estado así trabaje un poco más), mediante alquileres sociales, construcción de viviendas de acogida… Aunque no sea fácil, no es una utopía. Y aunque todos no cabemos en un mismo sitio, o cambiamos el sistema y dejamos de permitir que una mitad del mundo acumule riqueza a través del fomento de la pobreza y la explotación de personas en la otra mitad, o el problema se agravará y se hará tan grande que nos explotará en la sien.
O atajamos el asunto de una vez y de raíz, o esa mitad del mundo que no come se desplazará forzosamente a donde la otra.

Deja un comentario