Las cosas claras y el chocolate tieso (que con esta caló te se derrite y no se transporta igual). Tu cuerpo es tuyo, uno y entero. No tendrás otro, ni otro igual. El sexo es bueno. El sexo es vida, cojones (como rezaba el acertado eslogan). No se puede protestar contra el sexo libre por el único principio básico de que sin libertad y sin sexo no habría lugar a protesta, pues el que se queja daría por culo pero desde un limbo místico o retiro prenatal, y asquí no se le escucharía.
Sin sexo no hay descendencia. Sin descendencia no hay continuidad de especie. No me hablen de sexo dentro del matrimonio. El matrimonio es un invento y un negocio más de la iglesia y el sexo es lo que nos mantiene erguidos (nunca mejón dicho). Aunque alguno que otro ya no erguir sino más bien curvar espina dorsal baja. Saca tu cuerpo a pasear. Enséñalo, vive cual si la vida fuese luz que no se agota. Quiérete y trata de que vean que tanto te quieres. Deleita a los terrenales. Dale un poquito de por culo a los puritanos, que últimamente se les da poco. La vida es igual que tu cuerpo: una, uno. No la encierres en el convento de la pasión con cuentagotas. Construye tus propios pasos y haz de tu cuerpo un templo donde lo sagrado sea lo carnal y donde lo divino sea lo humano, donde sólo te adores a ti misma y donde el único pecado sea el concebido.
Me cansa oír lo mismo, una y tantas veces. Varón tras varón, mujer tras hembra. Se multiplican a golpe de reality: “Estoy cansada de que me quieran para lo que me quieren…”. ¿Por qué a medida que la civilización avanza (en años) disminuye la conciencia colectiva de lo que realmente somos? De lo que nos hace ser las máquinas perfectas que aquel arquitecto diseñara. Somos biología, somos química… Si el hombre “va a lo que va” es porque en un cierto modo y en un modo muy cierto su instinto así se lo dicta. Ojo, hablo del deseo más puro, noble, inocente, simple y primario que ahonda en nuestra configuración genética. Ese mismo deseo que hace que el hombre sienta una atracción hacia una mujer, hacia otro hombre o hacia Letizia Savater (aquí que cada cual le pegue a lo que le dé la gana). Ese mismo deseo que nos mantiene vivos y como especie sobre la última capa de la tierra. Si un hombre te mira o si por tus encantos se siente atraído, siéntete mujer hembra, siente lo que quieras, mira para otro lado o haz lo que te salga del cayetano. Pero no lo crucifiques, te lo pido por favó.
Vaya por delante y claro quede que no estoy justificando comportamientos otros ni derivados de la atracción que siente un hombre por una mujer, una mujer por otra mujer, o tu vecina por el del butano. Si hay algo que nos hace únicos y que nos diferencia a todos, todas y todes es la hintiligensia. Eso que nos distingue del resto de los animales. Eso que nos confiere una identidad y por lo que se nos presupone una educación (previo “proceso educativo”) y unos valores cristiano-demócratas íntegros y férreos (dependiendo del dónde y del encaje histórico). La educación es un debate aparte (sobre todo la falsa). Lo que sí debe llevar siempre intrínseco el humano es el respeto hacia el otro humano. La bondad y el cariño, el amor y el respeto. Sin salirse un ápice de estos últimos, la atracción que siente un hombre hacia una mujer no ha lugar a debate, al menos a mi entender.
Deja que te corteje. Deja que te enamore. Desde la sutileza y a la vez el deseo más primario. Desde la dulzura y desde la verdad. Si es cariño a raudales abre la mano. Si es pasión cual torrente haz lo que verdaderamente te plazca. Haz que sea correspondido o haz que no pase, mas lo que hagas hazlo desde tu virtud y desde el más arduo convencimiento de que eres tan libre como una mujer sola, y de que eres tú sola como mujer libre. Contra el mundo y sin él; con el mundo y contigo misma. Que sea uno, que sean decenas, que sean cientos. Y si luego la sociedad enferma dice, que diga. Que le den por culo al mundo si critican. Que opinen y que juzguen, mientras tú seas libre y feliz. Que sigan cultivando y envejeciendo sus cerebros pálidos en las oscuras tinieblas donde habita el más estrecho pensamiento, allá donde maldad y envidia brotan y se reproducen. Que se les pudra la vida en sus ondas cavernas mientras tú alzas el vuelo. Que hablen de ti mientras te ven volar. Si te llaman guarra invítalxs y envíalxs directa y educadamente al mismísimo carajo, en business. Si te llaman puta háblales de la necesidad de tantas mujeres, pero háblales también del cariño, ese tan caro y que tanto escasea, y que a su vez tanto honra a quien por casi nada lo entrega.
La vida es una, que sepamos. La libertad es eso tan bonito que tu madre y la mía un día consiguieron que no puede ser enterrada de nuevo hoy. Entrégate sin complejos a lo que tú quieras. El sexo es vida y jamás debe ser tabú. Hazlo tuyo, por y para ti. Invoca noches en las que sólo tus trenzas cubran tu vientre desnudo, en las que sólo tu proyectada y larga sombra de luna, cual estela infinita te arrope como un manto y compita con tu belleza. Duerme bajo el cálido regazo de una libertad que explota y que te hace cosquillas en la sien. La mujer, si quiere, hembra y después mujer, es más mujer cuando a su corazón se debe y a la pasión se entrega. Sin condenas ni remordimientos, sin juicios ni penas.
Cuando un varón te diga que “si vais en serio” no le hace gracia que subas fotos de una manera o de otra sal corriendo, en todos los sentidos y hacia todas las direcciones, pues estará imponiendo un derecho moral cuyo efecto anulador incide directamente sobre tu ser individual, haciendo blanco y mella en tu libertad. Gasta menos megas y más tiempo. Quema menos calorías y más días de vida. Pero no porque te lo diga nadie. No aceptes consejos gratuitos de la gente que escribe. Si es gratis, desconfía. Rompe el reloj pues no hay arena contenida sino extensas playas. Para recorrerlas, para habitarlas. Para hacer de sus orillas un continente y del amor un mundo frente al mar.
Mujer, no es hora de duelos.
Mujer, que del velo haces el ahora.
Mujer, que sin ti y contigo sola
caminas por el aire, suspiras tras la ola.
Mujer, ha llegado la hora
que de tu garganta lances
ese grito que te asola,
ese canto a la vida,
tantas veces llamada.
Arrójalo a la aurora.
Esta vez por ti,
y por nadie más que tú sola.
Esta vez se intuye, se atisba,
un horizonte claro.
Es la hora, mujer.
Tu momento ha llegado:
quítate el velo,
desentierra la lanza.
Lanza de justicia y anhelos
y de libertaria esperanza.
Mujer, es la hora.
Sea blanco tu pelo
u oscuro tu rostro
marcha valiente y sola
sobre la linde de un patriarcado rancio y rendido.
Ya los tiempos descansan y los hombres te lloran.
Ya se viste de traje el verso cual clamor que fervora y anida en las masas, corrientes…
pues continentes corrió desolado.
Como una lucha que nace prendida
y conduce el pulso y sentir de la calle,
hay una flor de jazmín en el valle,
se ata un cordón al correr de la vida.
Mira y descubre si allá entre tu vientre
brota un amor que de sueños te colma.
Será tu guía, del bosque la olma.
Si el mundo se va será él quien te encuentre.

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