A mi querida Mariloli

Que rezaba un célebre cuplé, del más grande. Vivir es aprender a convivir. Por un lado con el entorno con el que nos ha tocado interactuar, y por otro con nosotros mismos.

No te pienses que es algo tuyo. No te preguntes por qué tú, o a ti. Nuestros antepasados ya lo hicieron antes, durante miles de años, pero con unas condiciones radicalmente opuestas y en clara desventaja. Nosotros somos privilegiados en ese sentido. A ver si te crees que el nombre de Dolores lo crearon para la Lola de turno. La Dolores de ahora se toma un paracetamol, un diazepam o se busca un curandero (en el siglo 21 se conocen como psicólogos). La Dolores de antes también tenía miedo, ansiedad, depresión. Pero no por perder el trabajo ni por los haters. Más bien por haber enterrado a 2 hijos por infección, enfermedad, guerra o hambruna. Y esa Loli no tenía medicamento a mano, ni hospital, ni médico, ni Instagram, ni Juan y medio. Tenía que tirar, sin más.

Vivir es adaptarse al medio, aprender a convivir con la desgracia y el dolor muchas veces, y también con la alegría y el amor otras. Cuanto más de lo segundo seas capaz de fabricarte o tengas la suerte de tener, menos de lo primero hará de contrapeso en tu balanza vital. Eso sí, la mente es compleja de cojones. No sé quién ni cómo nos metió esa masa o comuna de neuronas ahí. No sé cómo lo hizo pero le quedó de puta madre, aunque podría haber rebajado, acortado algunos canales (ya sean dolor, angustia, pena o miedo). O, al menos, haberles puesto uno de esos buenos peajes que tanto gustan en nuestro país. Esos por los que te piensas el ir en coche hasta Murcia o volverte, criar a un burro desde pequeño, comprarle dos serones e irte a lomos hasta tal ciudad. Eso sí, el burro tiene sus derechos y es más animal de carga el humano.

Ya no sé ni de qué asunto empecé hablando. Ah si, de mi querida Mariloli, a la que dedicaré unos versos próximamente (Mariló Montero, como los postres). ¿Hay algo más español que un buen flan de huevo? Pero si no hiciéramos flanes las gallinas se extinguirían, ¿e o no Mariloli? ¿En? No te comerá tú una crema catalana… Dios te libre de eso.

Gueno, que eso, primo. Que la vida no es un camino de rosas. Hay espinas como en los lenguados y hay que quitarlas. Vivir es aprender a despedirse, que decía Risto Mejide. Y yo digo que ese eslogan puede valer para un testigo de Geová, que está continuamente despidiéndose de la gente que amablemente le pega un portazo en la cara. Mas para el resto de terrenales considero que vivir es justo lo contrario: aprender a saludarse. Esto es, aprender a volver. Al ruedo, a la vía, a la vida. Descarrilar, salirse del camino, coger las riendas y abrazar de nuevo. A ese hermano con el que no te hablas. A ti mismo. A una rubia de 2 metros con un lentisco en el pecho o a quien te dé a ti la gana (aquí cada cual es libre de abrazar y de pegarle a lo que le salga del papo). En definitiva, la vida guarda para todos una serie de catastróficas desdichas, y alguna que otra dicha que, si es buena, nunca es tarde coger. Que nunca sea tarde para ti. Vive, ama, abraza y perdona. A ti mismo, a los demás. Pero no a Mariló Montero, por favor.

Vivir es aprender a saludarse, a tenderse la mano, a sanarse la piel, a abrazar y a besar ya sea de bienvenida o despedida. Vivir es aprender a convivir con la vida, con el entorno, la naturaleza, el planeta y el animal. Porque todos somos animales, Mariloli. El toro siente y padece, como tú y como yo. No te preocupe que sacaré un huequito pa ti prosimamente.

Pd: Ya va siendo hora de que en este país gobierne el PP. Es un partido que sabe generar riqueza. Aunque luego en cuanto la creen se la queden para ellos y no la compartan ni conviden. Pero bueno eso ya es lo de menos. Habiendo toros y partidos de champions del Madrid, qué coño importa el aborto. Larga vida a la Isa (Ayuso).


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