Jose, vuerve por favó. Te lo dise la gente por la calle. Te lo piden los niños, y los hijos de esos niños. Eres nuestro Donald Trump, pero más de la bahía, más de asquí. No tan rubio, pero más nuestro, más cercano. Más arraigado, quiero disí.
Fueron 48 o no sé cuántos años de impecable gestión, de tenaz gobierno y de sólidos puentes y lazos con ayuntamientos hermanos. Y nos respetaban más en la OTAN, Jose. Ahora las rotondas están secas y la gente ya no sabe ni hacia dónde girar, ni qué salida escoger.
Eres nuestro mesías, nunca lo orvide. Patipami, Puerto Real no es lo que era, no es lo mismo. Ahora una tal Aurora ostenta un bastón de mando tosco y mugriento cual terrón de musgo de nuestro querido pinar, que ya tampoco es bosque sin ti.
Te añoramos, Jose. La Aurora mola, notelovínegá, pero contigo, más que las auroras brillaban los amaneceres sobre el fango de la Cachucha, y el horizonte era fértil, vislumbrable y fecundo.
Nunca faltó el trabajo ni el pan, para los tuyos. Y el gran sueño puertorrealeño era real, tangible, alcanzable y humano, casi tanto como lo eres tú.
Vuelve, Jose. Por Puerto Real, por la izquierda hoy manca, y por la humanidad.

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